Elsa Rossi Raccio

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¿Dónde está mi Rey?

María Ángeles era hija única, se crió en un ambiente amorosamente dedicado a ella en el cual el abuelo materno, cumplió un papel preponderante en su vida.
Efectivamente, cuando ella era pequeña el abuelo le contaba cuentos fantásticos donde algunas historias reales, también tenían cabida. El abuelo le enseñó a conocer al Creador, a nuestro Creador. Supo por él que el Señor nos amaba y que a través de ese amor, daba a toda la humanidad la sabiduría que se necesita para ser libres y amar al prójimo.
Siempre fue muy compañero con ella, es por eso que poco a poco el alma de María Ángeles se fue nutriendo y creciendo con absoluto convencimiento de que su abuelo era un sabio. Sabio porque sabias, eran las palabras que él vertía en todos los actos de su vida.
Entonces ella pensaba qué distinto sería el mundo si todos tuviesen un abuelo como el de ella, sabiendo que hay niños que ni lo tienen o no lo conocieron. Es por eso que ella compartía esas vivencias con sus amigos y/o compañeros de colegio. ¡Qué orgullosa que estaba!
Hasta que llegó la partida...sí, el abuelo partió una noche del mes de junio cuando María Ángeles era toda una mujercita. Si bien esa vida había terminado, siempre estaba latente en su pecho todo lo conversado, todo lo enseñado, todo lo aprendido.
El tiempo fue pasando y María Ángeles recorrió el camino de su vida formando su propio hogar sin olvidar al abuelo con sus enseñanzas y, queriendo al mismo tiempo, que todos fuesen tocados como con una varita mágica para dar fuerzas y luminosidad, como lo había sido ella.
El hogar de María Ángeles era armonioso con la lucha propia de la vida para seguir adelante. Tuvo dos varoncitos hermosos completando así la familia que ella quería. Pero en ese recorrido encontró espinas y piedras que entorpecían el camino. Fue muy difícil sortear esos obstáculos, y en ese andar fue olvidando las enseñanzas del abuelo. Se iba desvaneciendo todo lo aprendido pues tuvo que luchar con una gran adversidad: la enfermedad del más pequeño de sus hijos.
Entonces ella se preguntaba: ¿Dónde está mi Rey? ¿Qué fue de Él?

Ella se refería al Creador pero también a su abuelo. Al verla tan abatida y desconsolada, el hijo mayor repitió esas palabras tan sabias que decía el abuelo. Es en ese momento que le pareció ver brillar nuevamente esa luz que creía perdida. Fue una bendición que ella lo escuchase porque volvió a creer, volvió a tener fe y más fuerzas para enfrentar la vida como se presentaba.
Abrazando a ese hijo, seguramente guiado por el bisabuelo, ella gritó, pero ahora con alegría ¡Volvió mi Rey!

Elsa Rossi Raccio